En memoria de Hugo Villaverde

En memoria de Hugo Villaverde



Cuando era chico, en lugar de cuentos para niños, mi papá me contaba historias de héroes, de sus héroes. Estos salvadores del mundo lejos estaban de ser esos típicos personajes con capa roja y superpoderes. Aunque sí contaban con una armadura roja y alguno que otro parecía tener un poder que lo hacía destacar por encima de los demás.

Las historias eran irreales, pero con cuatro o cinco años uno se cree todo lo que le dicen sus padres. Algunos relatos iban desde los 11 caballeros de rojo que fueron a Roma a derrotar a un rival que tenía que venir a Argentina. Estos tipos eran tan poderosos que tuvieron la hombría de ir a la capital italiana para vencerlos ante los ojos de su pueblo.

Otra contaba que un charrúa, de poco menos de 1.70 de estatura, con un bigote llamativo, tenía en su pierna izquierda un misil capaz de vencer a las murallas más grandes del continente, como lo hizo en 1974.

Pero hoy no viene al caso seguir ahondando en los relatos épicos de los hombres de rojo, hoy me quedo con uno que siempre me pareció increíble, tal vez la historia más divertida que me nombró sobre sus héroes.

Me contó que, pasada la mitad de la década del 70, al grupo de héroes que habían mantenido a Argentina en lo más alto del continente, se le sumó uno nuevo. “Era un tipo flaco, había venido a reemplazar a ‘Pancho’” me explicaba en relación a este nuevo miembro. La primera noche que lo vieron se sintieron defraudados, el tipo revoleaba patadas para todos lados, volaba de acá para allá, pero sin saber a dónde tenía que ir. No sabían que aquel flojo comienzo, en consecuencia de un problema en su vista, iba a ser el comienzo de una historia irrepetible, en cual -junto al equipo- supo vengar a los Héroes de Malvinas en 1984. 

Junto a su compañero de zaga -el Vikingo-, Magoo iba a dejar su huella para la eternidad en el conjunto rojo y en mí vida también.

 

A horas de haberme enterado del fallecimiento de Hugo Villaverde, lo primero que se me vino a la cabeza fue este recuerdo con mi viejo en mi infancia. Estos tipos no saben lo que representaron y representan en la vida de todos los hinchas de Independiente. Volá alto, Hugo, reencontrate con el Pato y decile que ya vamos a volver a ser, porque los Diablos Rojos no nos damos por vencidos en ningún momento, lo aprendimos del equipo que le ganó a la Dictadura en el 78.

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